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Hasta que punto puedo ayudar a otro ser humano




Hace unos días, alguien me escribió para comentarme que le gustaba mucho ayudar; pero a veces, le generaba cansancio y preocupación al ver que la persona que buscaba ayudar no mejoraba. Le respondí lo siguiente, y lo comparto para poder aprender:


"Créeme que nada nos llena tanto como ayudar, en lo personal, a mí me hace muy feliz; pero hay un límite: cuando ese ayudar, sin darnos cuenta, nos cansa o nos genera preocupación constante por el otro, ya escapa de nuestras manos, y es momento de dejárselo a Dios".

Cuando voy por la calle, a veces veo a niños y ancianos indefensos vendiendo caramelos o pidiendo limosna, y les doy lo que puedo dar, con amor, con una sonrisa, ya no digo "pobrecito", solo repito una oración: "Dios bendícelo, cuídalo mucho, ayúdalo a encontrar su camino y su lugar en el mundo" y eso me genera paz y tranquilidad.

Y es que, cuando estimamos a alguien, y lo vemos en apuros, buscamos ayudarlo y sacarlo del "hoyo" en el que se encuentra; Sin embargo, cuando quien nos preocupa no desea salir del lugar donde está estancado, si no busca herramientas que lo ayuden a mejorar (libros, videos, actividades, psicoterapia, etc), si no se esfuerza por salir de la zona de confort, no hay mucho que podamos hacer por él.

Ser adulto, es hacernos cargo de nosotros mismos, y también, de las heridas que traemos en el alma, ¿para qué? Para no lastimar a otros seres humanos y reproducir el daño.

Cindy Cotrina 
Psicóloga y Psicoterapeuta 

Foto:confeba.org.ar