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La importancia del manejo de nuestras emociones a la hora de Castigar o Corregir a nuestros hijos.




¿Cuándo castigamos a nuestros hijos, lo hacemos, desde la calma, totalmente tranquilos y relajados, o con la emoción de la ira encima? Siempre preguntó esto en consulta o en talleres que imparto para padres, y seguramente al igual que ellos, respondiste que, lo haces cuando estás molesto(a) y furioso(a).


Entonces, más que castigarlos o “corregirlos”, lo que estamos haciendo es, descargar nuestra ira sobre ellos. Luego, nos invade la culpa, el arrepentimiento y tratamos de justificar nuestra conducta diciendo o pensando que “era por su bien”. Si nosotros, siendo adultos, y teniendo la edad que tenemos, nos seguimos equivocando -y no nos castigan de la misma forma que a los niños- ¿porque ellos no pueden equivocarse?, claro está que ello no significa que no se deba corregir; es decir, EDUCAR y ENSEÑARLE a mi hijo porque su conducta es inadecuada.

Mi paciente de 4 años me comenta en consulta que, él se porta “mal” porque no sabe cómo portarse “bien”. Y que va a saber un niño de su edad acerca cómo controlar la ira o frustración que siente en determinadas situaciones, si los padres solo atinan a decirle “¡no grites!”, gritando, o “¡por qué te enojas!”, enojados.

Los padres somos los “modelos y guías” de nuestros hijos, pero si no sabemos qué hacer con nuestras emociones ni cómo gestionarlas, no hay mucho que podamos enseñarles.

Ante una mala conducta, no se trata de “castigar”, se trata de EDUCAR y ENSEÑAR, pero ¿Cómo lo hacemos? Aquí te dejo algunos consejos:

1. Hazte cargo de la emoción que sientes: Si te sientes molesto(a) por lo que tu hijo(a) hizo y tienes ganas de gritarle o pegarle, le dices lo siguiente: “Estoy enojado(a), ya regreso”, después, eliges un espacio en casa (puede ser tu dormitorio), para descargar tu ira (a mí me funciona pegar mi colchón hasta que sienta que, ya saqué toda la tensión emocional que sentía en el cuerpo).

Lo que también recomiendo es, tener un costal de box en casa, para que así, todos los miembros de la familia puedan descargar su ira y ya no lastimar al resto, verbalmente o físicamente, ¿Y eso no hace que los niños sean agresivos? ¡No!, porque nuestros hijos aprenderán a hacerse cargo de su ira y no agredir a otros, ni a ellos mismos.

Si estás en la calle, y pasa lo mismo, te recomiendo usar una (o varias) respiración lenta y profunda para que puedas relajarte; mientras tanto, solo observa sin emitir ningún juicio o pensamiento sobre su conducta, como por ejemplo: “qué vergüenza”, “malcriado”, “qué van a decir los demás”; ya que, al hacerlo, solo aumentarás la intensidad de tu emoción.

2. Corregir, educar y enseñar: Ahora que estás más tranquilo (a) puedes conversar con tu hijo y hablar acerca de lo sucedido. Cuéntale que estabas enojado por la conducta que tuvo y que ya liberaste tu emoción: “Me molesté por esto que hiciste (describe la conducta), ya que, no es correcto por... " y expones tus razones. Evita calificativos despectivos como: “eres un malcriado, desobediente, tonto, no sabes comportarte”, etc. Luego, pregúntale “¿Qué podemos hacer, para que esto no pase?” invítalo y ayúdalo a pensar en soluciones o “En vez de esto que hiciste (describe la conducta), podemos hacer lo siguiente” (dale ejemplos de posibles conductas y practíquenlo para que pueda interiorizarlo y hacerlo).

3. Aprender de los errores: Ante un error, tenemos 2 opciones; O seguimos juzgando a nuestros hijos por su conducta o los ayudamos a aprender de sus errores. Cuéntale que tú también te has equivocado de pequeño (y lo sigues haciendo) pero que, has aprendido de lo sucedido.

Y recuerda, la práctica hace al maestro y en la repetición está el éxito. Puede que al leer estas recomendaciones te resulte difícil de seguir; pero, te aseguro que si lo lees una y otra vez, si practicas y te imaginas a ti cumpliéndolas, ¡lo vas a lograr!.

Cindy Cotrina 
Psicóloga y Psicoterapeuta 

Foto:babble.com